La generación Z lidera el “social cooling”

social cooling

Con la celebración de los treinta años del nacimiento de Internet esta misma semana, son muchos los usuarios que día a día deciden desaparecer de las redes sociales debido a que consideran que les roban demasiados datos personales. Curiosamente, la generación que se ha tomado más en serio este fenómeno, conocido como “social cooling”, ha sido la más pequeña de todas, la generación Z.

También conocido como “enfriamiento social”, el “social cooling” aparece cuando el usuario toma conciencia de las consecuencias de sobreexponerse a la red y decide tomar cartas en el asunto. ¿Cómo? Normalmente este enfriamiento hace que los usuarios interactúen menos en redes sociales por miedo a la falta de privacidad y al control. Así, tener la sensación de que alguien nos observa altera nuestro comportamiento.

Lo cierto es que esta forma de pensar en el fondo está muy relacionada con nuestra maduración en Internet con el paso de los años. Las primeras generaciones desembarcaron en la red de redes siendo muy poco conscientes y ha sido mucho después cuando hemos empezado a darnos cuenta del impacto que nuestras acciones online pueden tener también offline. A medida que los usuarios son más conscientes, también actúan con más prudencia en las redes sociales.

A todos nos ha pasado alguna vez que tras buscar por ejemplo vuelos a Tailandia nos empiecen a aparecer de forma constante anuncios de guías de viaje a Tailandia, ofertas de alojamiento…y no a todo el mundo le gusta que le atosiguen con publicidad tan personalizada.

La preocupación de la generación Z

De acuerdo con un estudio del Instituto de Internet de la Universidad de Oxford, los usuarios jóvenes se muestran mucho más preocupados por su privacidad que los más mayores. Casi el 95% de los chicos entre 14 y 17 años revisan qué y con quién comparten su vida social en Internet.

Un estudio de Kantar afirma que los usuarios nacidos entre los años 1995 y 2012 utilizan más a menudo bloqueadores de anuncios, alias en vez de su nombre real o incluso aplicaciones para esconder sus vídeos e imágenes.

Pero en el fondo, no es un pensamiento tan descabellado teniendo en cuenta las cantidades masivas de datos personales de los usuarios que recogen las redes sociales: música preferida, color político, cuántas horas duermes o incluso a qué grupo sanguíneo perteneces.