La era de la customización y cómo afecta a la comunicación

“10 ideas para personalizar tu vestidor”, “Haz que los muebles luzcan con tu sello personal” “Cómo darle tu toque a los guisos”…Son frases que escuchamos constantemente a nuestro alrededor pero no nos detenemos a analizarlas.

¿Por dónde empezar?

CUSTOMIZAR. Término que no recoge el diccionario de la Real Academia Española (RAE), pero que se ha introducido de tal manera en nuestra filosofía de vida que ya no entendemos ir de compras, adquirir un vehículo o renovar nuestros dispositivos electrónicos si no son susceptibles de modificación para adaptarlos a nuestras preferencias personales y así distinguirlos del resto

Yo pertenezco a la generación de EGB. Era la época de los primeros polos Lacoste, los estuches de lápices Hello Kitty, los primeros Walkman o los accesorios de Snoopy. Este era nuestro leitmotiv, pertenecer al mismo escuadrón, formar parte de la pléyade que arrasaba en colegios, institutos y discotecas vistiendo, luciendo y portando objetos exactamente iguales al resto. Debían ser exactamente del mismo color, tamaño y forma y sometidos a una condición sine qua non: no diferenciarse del resto.

Curiosamente esto es lo que aportaba el halo de exclusividad…todo un contrasentido.

¿Cómo hemos cambiado?

Dando un giro de 180º. Nos encanta modificar la ropa para adaptarla a nuestra personalidad, reescribir las recetas atendiendo a nuestro paladar, adornar el carrito de bebé siguiendo nuestras preferencias. Estamos incluso asistiendo a un cambio importante en las ciudades, los barrios se customizan según sus habitantes, inquilinos y negocios.

Barrios gastronómicos -donde cada metro cuadrado está ideado para perderse en sus 1001 restaurantes gourmet-, barrios vintage -lo que podríamos considerar un must-go de fin de semana-, los distintos barrios étnicos -crisol de culturas donde hay que dejarse ver cada cierto tiempo- o el grupúsculo de calles y plazas que se conocen como eje financiero, por albergar sedes de compañías multinacionales y entidades bancarias.

¿Y qué ocurre en el mundo de la comunicación?

Las tendencias se crean para seguirlas, y este continúa siendo el reto de cualquier agencia hoy en día: diferenciarse de las demás para ser la elegida.

Pero no hay que olvidar dónde estriba el quid de la cuestión: no por separarse del resto hace un proyecto más deseable.

Consiste en crear ventajas competitivas, aportar ideas creativas, generar notoriedad, aumentar visibilidad, transformar las carencias en razonamientos constructivos, adelantarnos a los acontecimientos, y todo ello acompañado de un esfuerzo conjunto donde cada departamento juega un papel principal.

 En definitiva, hacer sentir al cliente que es único y que trabajamos por y para su beneficio, lo que nos permitirá mostrar el distintivo de ‘irremplazable’.

Como dijo Mark Twain: “Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar”.

Autora: Elena Gallego, directora de Cuentas en ACH